lunes, 4 de julio de 2016

La Internacional Socialista y el éxtasis de una dictadura

La Internacional Socialista ha expresado su preocupación por la situación que ocurre en Venezuela y deplora que el gobierno de Nicolás Maduro comprometa los valores democráticos sustentados en el respeto mutuo, equilibrio y autonomía de poderes del Estado. 
Si bien el pronunciamiento está impregnado de buena fe y de buenas intenciones, su contenido edulcora la situación política, social, económica y militar que sufre Venezuela. Ese endulzamiento sólo sirve al propósito fortalecer y de arraigar al régimen de gobierno venezolano porque le da aliento en su propósito de ganar tiempo valioso invitando a un diálogo que es estéril ya que, de antemano, se ha negado toda posibilidad de acuerdo en los temas fundamentales que requieren un cambio profundo.

Debemos entender que los políticos de carrera utilizan el lenguaje comedido, fórmulas protocolares y diplomáticas, y por supuesto, ante problemas ajenos expresan sentimientos de solidaridad, siempre y cuando eso no les genere pérdidas en la relación costo beneficio de sus acciones o pronunciamientos. Eso es propio de los políticos y las organizaciones entregadas a la figuración y a la protección de su carrera o de su existencia. Ya bastante tiempo se ha ganado el gobierno desde el inexplicable dialogo político celebrado en el Palacio de Miraflores en abril de 2014.

También tenemos que entender que la democracia no es sólo dialogo y elecciones para que los políticos ejerzan una carrera. La democracia es un sistema complejo sustentado por un conjunto de principios ineludibles destinados a garantizar una forma de organización, de interacciones y de gobierno para asegurar el ejercicio de las libertades y la tranquilidad social. Eso que en Venezuela dejó de existir toda vez que diariamente se violan y se cercenan esos principios fundamentales de la democracia.
Señores de la Internacional Socialista, en Venezuela no vivimos en Democracia, CUANDO LO VAN A COMPRENDER, vivimos en una guerra diaria impulsada por una dictadura que se instaló utilizando la democracia como el parapeto necesario.
Venezuela ha llegado al punto en que quienes gobiernan, con Nicolás Maduro y Aristoloquia Isturiz a la cabeza, hablen, propician y apoyan una situación de guerra permanente. En eso no mienten y en eso se enfocan. En Venezuela estamos en una guerra que no es figurada. Es una guerra real que se libra en varias dimensiones. Es una guerra que causa más muertes diarias que cualquier otro conflicto bélico que ocurre hoy día en nuestro planeta.
En una de sus dimensiones es una guerra económica causada con fines políticos e instrumentada mediante una estrategia de empobrecimiento colectivo con el propósito de dominación y sometimiento del ser humano. Es una guerra que genera el hambre como aquella necesidad humana que necesita ser satisfecha a como dé lugar, so pena de sucumbir en la desnutrición o la muerte. Es la guerra por los alimentos, por las medicinas, por los insumos de higiene personal y de todas aquellas necesidades básicas del ser humano. Para los venezolanos ya no es un asunto de política es un asunto de subsistencia y supervivencia.
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La mejor demostración que pueden ver ustedes es su nueva política para el acceso a los alimentos. Han inventado unas bolsas de reparto que se distribuyen a precios discrecionales y se entregan en menoscabo del ejercicio de las libertades políticas y de pensamiento. Ya voceros oficiales han dicho públicamente que los alimentos no son para los “escuálidos”, es decir para la oposición, e instruyen a sus camaradas en términos de que: tenemos que ir casa por casa a conversar con nuestros hermanos patriotas, convencer a los que no están convencidos, convencer más allá de la bolsa. Más claro no puede ser, una bolsa de comida utilizada para entrar a las casas de los hambrientos con el propósito de convertirlos en “hermanos patriotas”.
Señores de la internacional socialista, eso no es política y mucho menos democracia es una guerra sicológica y económica impuesta sobre quienes logran sobrevivir en un país donde, diariamente, ocurren 80 muertes violentas a manos de una delincuencia que, ante el apoyo complaciente de una justicia que no les castiga, ahora se topan con una delincuencia que los confronta: el linchamiento. Como cosa curiosa, lo que la justicia si ha hecho es dictar medidas para prohibir la difusión de estas ocurrencias mientras se difunde a vox populi que las fuerzas de esta violencia actúan bajo el amparo de la Fuerza Armada y policial bajo el liderazgo de funcionarios de gobierno en su propósito de infundir terror como complemento a la estrategia de dominación humana.
Señores de la Internacional Socialista, da tristeza y dolor ver morir a una niña de 4 años quien, en vez de estar en un preescolar, estaba con su madre en un acto desesperado para acceder a algo de comer, la inocente niña cayó como víctima de una balacera en una refriega en procura de alimentos.
En esta guerra económica el gobierno ha llevado a los asalariados a niveles de miseria. Para no entrar en diatribas se los pongo sencillo. Fíjense que, al precio de hoy en un mercado de Caracas, y en el extremo del salario mínimo mensual del venezolano, este sólo alcanza para comprar unos 13 kilos de yuca o su equivalente de productos agrícolas nacionales y se acabó, ese  poder adquisitivo del valor del trabajo constituye una explotación miserable calificada como pobreza extrema por organizaciones multilaterales. En el otro extremo de la escala salarial, digamos la de un general de brigada de la fuerza armada ($4 diarios a la tasa de cambio oficial de hoy) alcanza para comprar ½ kilo de carne de res diario y no más, cosa que también está definida como nivel de pobreza. Les invito para que vengan a Venezuela, y si las fuerzas de la violencia nos lo permiten, entremos a un mercado de su elección y salgamos de allí con lo que el salario mínimo mensual y el de un general puedan comprar.
Señores de la Internacional Socialista, no se trata de política, no se trata de economía, se trata de una guerra económica impuesta por un gobierno de victimarios que utilizan la técnica de triangulación para esconder su responsabilidad. En esta manipulación de los hechos el gobierno convierte a la víctimas en victimarios y se hace ver como la víctima de "un enemigo” que desea destruirlo, ello con el propósito de confundir y dividir para dominar y someter al ser humano.
Es una guerra que todos los días genera desplazados que no son figurados, son reales. Hoy, los venezolanos emigran y no es por asunto de gusto o por deseo de superación en otras latitudes. Los invito a que se entrevisten con los venezolanos que han emigrado a donde ustedes residen y se encontrarán con gente talentosa, preparada, con deseo de trabajar y superarse y que han huido de un país donde cada 20 minutos tenían que preguntarse ¿Quién será el próximo muerto causado por el hampa, Seré yo? Un país donde se vislumbra un futuro de miseria, un país donde les pueden incriminar falsa e impunemente para imponerles hasta 15 años de prisión por participar en protestas contra un régimen que les acorrala. Señores de la Internacional Socialista esos desplazados de la guerra de Nicolás Maduro tienen mucho en común: han conseguido en otros países lo que necesitan para vivir pagando el precio de dejar atrás y perder todo lo que quieren y aman. Para ellos y, lamentablemente, no para los 80 venezolanos que mueren todos los días, las palabras del edulcorado pronunciamiento hecho por ustedes RESUENAN VACÍAS.
Los venezolanos que logran sobrevivir la anunciada guerra de Maduro sienten la  necesidad de aliados que reconozcan la profundidad de nuestro padecimiento. Necesitamos que nos acompañen en la derrota de una dictadura ominosa, o es que acaso no se han preguntado ustedes: ¿Cómo es que el país que cuenta con las reservas más grandes de hidrocarburos del planeta vive en semejante situación económica? Pensar que lo sufre a causa de un gobierno de ineptos e incompetentes es de idiotas y ustedes no lo son. 
Se trata de una dictadura y las dictaduras gobiernan con una minoría que los apoya, se imponen a la fuerza y si es necesario: a fuerza de balas, las dictaduras no tienen manera de entregar el poder. Los dictadores y sus acólitos quedan como el jinete que se monta sobre un tigre: se aferran al tigre a todo costo porque si se bajan, el tigre se los come. Les pregunto ¿Cómo nos sugieren ustedes que bajemos al jinete Maduro y sus acólitos? La pregunta la hago porque, me imagino, que ustedes han escuchado que tanto Maduro como sus acólitos han expresado de manera reiterada que NO ENTREGAN EL PODER BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA Y QUE NO ESTÁN DISPUESTOS A ENTREGAR LOS LOGROS DE LA REVOLUCIÓN.
Si la Internacional Socialista desea ayudar o apoyar para que Venezuela salga del trance que vive, entonces me hubiese gustado leer un pronunciamiento breve, profundo, sincero y sin edulcorantes. Uno que plasme la realidad de las acciones y la naturaleza de las acciones que está dispuesta a ejecutar esa organización para ayudarnos a enfrentar esta guerra económica, sicológica, política y militar régimen de Nicolás Maduro.
Si no lo pueden hacer, les agradezco su buena fe y buenos deseos en la oportunidad que les reitero que lo pusilánime de sus votos sólo favorece el fortalecimiento de la dictadura implantada en Venezuela. A los efectos transcribo su ruego:

“Por ello la Internacional Socialista hace votos para que las partes en conflicto transiten el camino electoral, civil y democrático, en el marco de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.”
Con ese ruego de ustedes, me imagino el éxtasis que le produce al dictador que se ha topado con un adversario que él mismo se entierra un puñal y su aliado le remata. Un adversario tan torpe que en el ruego de sus aliados, legitima al Dictador para que lo persiga si llegase a irrespetar las normas de una democracia que no existe.